lunes, 6 de febrero de 2012

Desvanece.

Como intentar agarrar el viento, un terror efímero recorría cada milímetro de mi cuerpo, temor a la muerte puede, o quizás temor a dejar todo atrás, dejar todo de una vez, y no entraban en mis posibilidades dejar al mundo al desnudo sin dejar huella.
Desperté la mañana en la que acabaría todo, o seguiría rompiendo mundo, y en la que estaba decidida que todo saldría bien, pero siempre queda esa posibilidad que te tiene tocado, esa posibilidad de terminar con todo.. Mas yo no podía dejarlo, tenía en mi vida a dos personas que no pensaba dejar escapar, eran tantos momentos por vivir.. ¿Cómo dejar una vida así?
Todas mis fuerzas y lágrimas llevaban sus nombres, y cuando la morfina comenzó a entrar por esa mascarilla, y por mis venas, lo último que escuché fue: ''En lo que pienses ahora, es con lo que vas a soñar''.
Allí estaba, en un bosque de sauces llorones, de un color verde aceituna, y tumbada en el suelo, intentaba levantarme lentamente, cuando lo conseguía, miraba mi atuendo, un vestido blanco y pies descalzos, todo lo demás aparentaba normalidad.
Un espejo en mi mano, y al reflejarme en el pude observar como mi rostro, mi pelo, y mi imagen en general era como la que tenía antes de todo esto.
Al mirar mas atrás de mi imagen, llegué a ver la presentación de una de esas personas tan importantes (Isa Boy, mi hermana y chica a la que debo la vida), y yo corría hacia ella, la necesitaba, mas no dejaba de caer, me levantaba, pero la caída dolía cada vez más, y llegué al límite de no poder levantarme, pero ahí estaba ella, se acercaba lentamente mientras mi dolor y yo compartíamos unos momentos en ese suelo de piedra, pero para cuando llegó, me levantó, y con una sonrisa en la cara, me aseguraba que todo saldría bien, pero mis ojos continuaban arrojando lágrimas, hasta que comprendí que eran de felicidad.
Según caminaba, me iba recuperando, pero apareció esa segunda persona por la espalda (Dani Sanz, el motivo por el que lucho todo esto), me cogió la mano, y me regaló una de sus mejores sonrisas, y un guiño que lo cierto, es que me inspiró confianza ante esta situación desesperada.
Caminábamos los tres, y he de admitirlo, era feliz, pero lo que no me explico es como en un momento así, rozando la muerte con la punta de los dedos, podía ser tan feliz, sonreír con esas ganas, que jamás había visto, y con esas fuerzas de vivir la vida. 
De repente, nos detuvimos, y comenzaron a llegar todas esas personas en mi vida a las que valoro con toda mi vida, y sentía como todos los buenos momentos, esas experiencias que no se olvidan me llenaban de golpe, sentía cada sonrisa, cada carcajada, cada momento de mínima felicidad recorría mi mente, y fue cuando mirando a cada persona a los ojos, iba viendo los buenos momentos, y los equilibraba con los malos, valoraba si valía la pena todo esto, y decidido, valía la pena luchar.
Despidiéndose con la mano, yo ya conseguía sentir como despertaba, y los efectos de la anestesia desaparecían, los puntos en mi cabeza solo les apetecía tirar y joder un rato, pero yo resistía, las lágrimas en mi cara me decían que seguía viva, eso era buena señal. Pero sobre todo me demostraron que lo que había vivido era un sueño, un sueño que no quería olvidar.
Quizás, solo quizás esto me haya hecho cambiar, pero me ha enseñado que he vuelto a nacer, y a la vida le debo aprovechar cada segundo, que en cualquier momento desvanece.

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