martes, 15 de mayo de 2012

Semáforo púrpura.

Sentimientos que vuelan por ahí a la deriva, buscan corazones inocentes en los que cambiar vidas, cambiar pensamientos, formas de mirar, de pensar.. De sentir.
Si lo piensas bien, la vida es como una carretera, en la que según vas actuando coges diferentes vías, a veces te equivocas, y para cuando quieres dar la vuelta, no ves el modo, y solo te queda encontrar un pasajero con el que llorar un rato, y reír durante el viaje.
Auto-estopistas que recogí se equivocaron de caravana, pero ya era tarde, se esperaron hasta que me hicieron daño, y les eché a patadas.
Toca seguir hacia delante, varios pasajeros ya pasaron a ser parte de mi rutina diaria, pasaron a ser de una persona nueva, a esa persona que necesito ver día a día.
Será que la rutina cansa, y decidí cambiar un poco, cogeremos este desvío, a ver que pasa.
Cuando menos me lo esperaba, me encontré  a un chico muy normal, del que no me esperaba ni el más mínimo esbozo de sonrisa.. Pero me dí cuenta que cambiaría mi vida, por completo.
Huérfana de inspiración hasta que recogí a este pasajero, que me acompañaría en risas y en llantos.. Hasta que salto del coche en marcha.
Era parte de mi vida, ¿Por qué decidiría irse si me prometió acompañarme hasta el final de este viaje? Sigo sin entenderlo, y por mucho que me doliera, debía, necesitaba seguir hacia delante, con los pasajeros que de verdad cumplieran sus promesas.
Yo sigo mi camino, al igual que antes tan solo veía semáforos rojos que me hacías frenar, recapacitar, y verdes que me hacían seguir y disfrutar.. Ahora todos estos semáforos alumbran color púrpura, color confusión, y tarde o temprano, color paraíso sin ti.

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