La belleza de los recuerdos está infravalorada por esta sociedad que nos consume.
Preguntas por algún recuerdo y contestan con caras tristes, en el melancólico intento de volverlo a vivir, o en el absurdo intento de olvidarlo, sin darse cuenta de que el poder que un recuerdo tiene para hacernos sentir y transportarnos a ese lugar, a esos olores, a esas palabras, con el insignificante gesto de cerrar los ojos, es impresionante.
Hoy me pidieron que relajara todos los músculos de mi cuerpo, y que pensara en el lugar que más me tranquilizara del mundo; fíjate, que aparecí en tu cama.
Me imaginaba tumbada escuchando esa maravillosa canción que radiaría una y otra vez, y sintiendo lo que esta y tu compañía me harían sentir.. Hasta que me dí cuenta de que no era una situación ficticia que mi mente había creado en busca de el placer que la relajación provoca, si no el recuerdo de las llemas de tus dedos dibujando caricias en mi espalda, mi pelo enredado en tus manos, las palabras atragantadas en mi garganta, la suave melodía que mi corazón marcaba, y como mi respiración acentuaba cada uno de nuestros latidos.
Me gusta recordar, bueno, recordarte; saca una esmerada curvatura en la comisura de mis labios, y como digo con poca frecuencia, la perfección del momento se define con la intensidad de tu sonrisa, y la mía, durará hasta que la edad me haga olvidarte.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Hasta que mi mente aguante.
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