Ya ardían las caricias en mi espalda bajo las llamas de tus dedos, y conseguía notar tu aliento rozando cada rincón de mi oreja dibujando una canción.
Ya llovía en mi cabeza una despedida casi tan frágil como el vaso de cristal en el que ahogó mis dudas el frío compás de tus palabras.
Ya empezaba el invierno en mi pecho y con tu abrigo no bastaba. Cuan es la ausencia de tu calor en noches tan difíciles como esta, en la que la imaginación no llega a consuelo y se queda en un ojalá efímero que desaparece y deja un rastro nostálgico casi insoportable, que me quita el sueño.
Que complicado es esto de vivir a tu lado... Pues cuando te tengo me gustaría tenerte más cerca, y cuando no te tengo, solo busco un lugar donde esconderme de este incontrolable insomnio.
lunes, 22 de diciembre de 2014
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