Parpadeas y me miras,
con esa mirada que hasta el muro de Berlín derrotaría,
con tanta fuerza que cualquier alma hundiría,
que si bajas ves unos labios, que tantas veces besaría.
Parpadeas, me miras, y suspiras,
y entre tus respiraciones se cuelan un par de palabras,
que no cuenta lo que con valentía me digas,
que es la forma en lo que lo dices con lo que me matarías.
Parpadeas, me miras, suspiras, y me besas,
y me derrotas,
y me hundes,
y me matas,
y me dejas caer en una espiral de placer incomprensible,
digna de meditación y estudio,
y es que estudiaría tu lengua cada vez que me dejases,
y la distancia que hay entre el susurro que solté en tu oreja y el abismo de tu cuello,
que provoca mi muerte en tu poética clavícula,
estudiaría la profundidad de tus ojos,
la medida de tus párpados,
la receta del chocolate que inunda tus iris,
y la diferencia del diámetro de tus pupilas cada vez que te digo que te quiero.
viernes, 14 de agosto de 2015
El documental de tus pestañas.
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