Me encuentro en otra de mis noches de más pensar y menos dormir.
Encerrada entre cuatro paredes me planteo si realmente mi mente también me sirve como prisión, y me doy cuenta de que no.
Me siento en el vacío más bonito en el que he caído nunca, no dejo de caer y de sentir como el viento me roza las pestañas mientras cierro los ojos para disfrutar más de la adrenalina de este maravilloso abismo.
No veo el final y esto me encanta, solo sudo fuerza y valentía y me tengo aquí a mi lado, dándome la mano.
Y mientras observo cada uno de los paisajes que este laberinto me ofrece, cada día me abraza más gente por la espalda y me apuñala menos, cada día me siento más cerca de mi y de los que me rodean, de mis ideales, de mis ambiciones, de mis sueños, y me acaricio el brazo donde llevo grabado a fuego que pase lo que pase, seguiré hacia adelante.
Por mi, contra mi, conmigo, y daría mi vida por los que hacen de muletas cuando mis piernas fallan.
Y dedicaría esta fuerza también a la gente que ya no está, pero solo una persona se lo merece, por hacerme sentir grande cuando era tan pequeña, por sonreír cuando el mundo lloraba, por sacar su orgullo cuando tocaba llorar diciéndome adiós, y ahora que no te me apareces, tu recuerdo me hace de hierro.
{A mi 11, un hippito, esa miradita triste, mi chica de rizos, mi raperito favorito, la pequeña zuñi, y a toda esta gente nueva que me está mostrando un nuevo mundo, gracias.}
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