La decadencia y la desgana hicieron sombra a mi fuerza y la escupieron en su cara de inocente niña.
Pero yo bailé, y bailé.
Los recuerdos llovían sobre el presente y lo empaparon de amargura y nostalgia.
Y yo canté, y canté.
Se mancharon mis venas de un humo negro que no me deja respirar.
Y yo grito, y grito.
Hasta que en esta pista suena una canción lenta, y a pesar de que estoy sentada con mi copa, el miedo me saca y me pisa los pies, y sé cual es la canción porque me recuerda a mi, y la canto, pero me ahogo en mi tristeza y agonizo entre las sucias sábanas en las que se han convertido mis muros, y grito y grito hasta quedarme sin aliento, y muero lentamente, muero porque ya no estoy aquí, ni allí, ni me busco, ni me encuentro, no suspiro, solo muero, y deseo volver a morir porque es lo más intenso que siento en este momento, porque me inunda la respiración en una bocanada de aire agrio que cuesta que salga sin que se cruce con el llanto intercalado que solloza mi voz, y vuelvo a morir hasta que no me quedan vidas, que como buen gato he gastado tres y me quedan aun cuatro, y sé que volveré a visitar mi tumba, pero no cuando dejarán de ser vacaciones para ser mudanza.
Se reflejan en mis ojos las pocas ganas que me quedan, aún no he aprendido a camuflarlo, ya ni el maquillaje deja transpasar un ápice de belleza en mi mirar, y se me caen lágrimas negras, y el mundo vuelve a girar como la primera vez, pero añorándome.
martes, 17 de enero de 2017
Mitosis en ojos de gato.
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