Me sigo preguntado en que momento decidiste desangrarme el alma.
Me sigo planteando cuanto tiempo llevas planeando este escapismo.
Sigo sin entender como pretendías amar a alguien al mismo nivel al que habíamos llegado nosotros.
Pero lo que menos entiendo, es la rapidez con la que te he dejado de amar.
Tengo la teoría de que las personas que sentimos, tenemos esa capacidad de que cuando alcanzamos un nivel extremo de dolor omitimos el amor y el cariño que profundiza para protegernos.
Si es cierto que llega un punto en el que el dolor desvanece con el tiempo y el trabajo, pero creo que cuando vuelves a mirar a esa persona a los ojos ya nunca es la misma.
Solo ves a una persona simple, de a pie. No esa persona con la que viajabas a cualquier lugar cerrando los ojos. Es entonces, cuando jamás volverás a caer.
Y qué es el dolor... Bueno, es camaleónico y buen profesor, y se viste de esperanza, de engaño, de desilusión, de fracaso, de decepción.
Creo que no hay mayor dolor que el saber que estas destruyendo todo lo que tocas, o el de romper una ilusión o una esperanza... A no ser que seas el destruido, el roto, en cuyo caso, se puede provocar un hueco dentro de ti en el que no cabe más que odio y rencor y no sabes en qué momento llegará un huracán a rescatarlo de ahí.
Bienvenido a mi pequeño hueco, donde están guardados la traición y la deslealtad.
lunes, 19 de junio de 2017
Teoría de cuerdos.
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