En medio de esa desesperación por la felicidad, hay una pequeña esperanza que me dice que todo es posible, pero cada vez se hace más pequeña.
Y será que felicidad se rindió ante tu ausencia, porque su cobardía se ha apoderado de ella, y no quiere salir. Por el miedo a perderlo todo de nuevo, por el miedo a volver a caer una y otra vez en la misma piedra, por el miedo a que los días pasen cada vez más lento, y cada vez peor llevados.
Con la mirada perdida no se camina bien, y con los brazos colgando sin saber dónde cojones ponerlos si no es por encima de esos hombros.
De hecho me llenó aquella frase de "Somos dos, ¿para qué queremos más" y es verdad, hay veces (y determinadas personas) en las que sus ojos son de fuego y yo de cera, y estemos donde estemos es como si el resto se hiciera polvo, desvanece poco a poco, hasta que una brisa, hace que desaparezca por completo. Lo único que no desaparece es el miedo, ese del que tanto hablo, si, a que tal y como desvanece cuando estoy con esas personas, también desvanezca esa historia, esa persona, y ese camino que recorreríamos.
Y puede que te digan que nunca te abandonarán, nunca.. Pero, ¿Qué es el nunca? No sabemos con certeza que ocurrirá, tan solo podemos decir: Yo no quiero que esto acabe, y sonreír como idiotas, hasta la última esperanza, ¿no? Que así sea.
sábado, 30 de marzo de 2013
Pero nada es suficiente, ¿sabes?
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