lunes, 17 de marzo de 2014

Todos tenemos a ese niño dentro. Lo tenemos, hasta que nos lo arrancan, o se muere, con nosotros o con nuestras ganas de vivir. Nos lo arranca la vida enseñándonos realidades indeseadas, nos lo arranca, diciéndonos que somos seres humanos, que hemos nacido para morir y para matar, para destruir, para respirar y contaminar.
Siento cierto desprecio por esta raza, desprecio destructivamente incomprendido, pero siempre serán mis ideales.
Opino que no solo nacimos para respirar, nacimos para seguir un ciclo, respirar y hacer que respiren, comer y dejar que nos coman, arrebatar vidas y dejar que nos la arrebaten. Pero desde que el ser humano se proclamó superior en la tierra, ya solo quedan hombres sin alma caminando hacia ningún sitio, esperando que la vida algun día acabe con ese lento suicidio.

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