Siempre tuve la esperanza de que podría subir el volumen, ahuyentar el sonido del mundo y a veces, hasta de mis pulmones pidiendo a gritos un humilde respiro.
Siempre supe que todo lo que sube, baja. Que si aún queriéndote se va, vuelve. Que el viento también borra recuerdos.
Siempre digo que nunca diré nunca, ya que el destino mueve nuestros impulsos con una dulce vocecilla, que me susurra que sobriviré sin ser, ni oír, ni dar.
Siempre que escribo me acaba saliendo la palabra Odio, y sé que es por el tremendo caos que inunda mi mente.
Siempre consigo que este tierno corazón se vista de guerrero, y mate monstruos por ti.
Porque sin ser, me vuelvo dura como una roca, si no puedo acercarme,
ni oír, los versos que me dicta esa boca, y ahora que no hay nada
ni dar, la parte de dar que a mi me toca.
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