Te encuentro en el extremo opuesto de la sala, que metáfora. Te escucho tocar y lloviendo en mis ojos me pregunto cuántas veces escucharé ese punteo tan tuyo, tan mío, tan nuestro.
Vuelvo la cabeza y mientras tiro la ceniza, me hago otra pregunta, cuantos labios me dejaré besar en tu ausencia, cuánto llorará este corazón desconsolado, cuántas veces podré hacer el inventario de tus lunares, esas lunas que tienes por ojos me siguen mirando.
Nunca me he tomado este día como un adiós, si no como un hasta luego, espero ver tu reflejo en más cafés.
Tenemos el alma encadenada, el uno al otro, y mediante esta condena de amor me declaro culpable.
Culpable de cada beso que te robé y los que pienso robarte.
Culpable de hacer el tonto a lomos de tu espalda hasta oírte reír.
Culpable de cada día que agradecimos habernos encontrado, para perdernos aún más.
Pero más culpable soy, de haber abierto los ojos para saber que debemos asfaltar nuestro camino hasta que podamos volver a andar de la mano.
Acuérdate de que la culpa pesa un kilo más para el que parte, y mi alma está hecha pedazos.
jueves, 7 de julio de 2016
Culpable
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario