Qué difícil es saber cuándo es el momento para no perder todo para siempre.
Nos imagino hablando de lo que sentimos, sincerándonos con la inocencia de un niño y sin miedo, pero no va a ser.
Nos imagino pudiendo mirarnos a los ojos sin rencor alguno, pero no va a ser.
Nos imagino disculpándonos de nuestros errores y mirando al futuro, pero no va a ser.
Y no puedo evitar pensar, pensar en por qué no va a ser.
No va a ser porque me imagino siendo tu Robin y tú mi Ted, manteniendo al corazón encerrado hasta que no puede más, sufriendo a plena luz del día, durante todos los días de nuestras vidas.
No va a ser porque me imagino cogiendo mi primer avión preguntándome por qué me dejaste ir sabiendo que vivía en un mar de dudas donde tú, querida luna, controlabas las mareas.
No va a ser por qué no aguanto más tus emociones de ácido que siempre me salpican (me sigo preguntando si es solo a mi).
No va a ser porque has perdido el tiempo. El tuyo.
El mío.
El nuestro.
jueves, 11 de enero de 2018
No va a ser.
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