Y fue el aleteo de esos abanicos negros que tienes por pestañas lo que abrió en canal mi oscuridad más inmensa.
Y fue el amor de plástico confundido entre los grados de junio el que despertó mis miedos más recónditos.
Y fueron los sueños escondidos dentro de un agujero negro que ahora son estrellas accidentadas en una carretera que no acaba, no se ve el final.
Y fue este abismo el que me hizo sentir que caía, y caía, y caía.
Ábreme el pecho y revientalo que aún me quedan entrañas claras, ábrelo y observa, ábrelo, ábrelo.
Seres inesperados vienen a visitarme para recordarme que no, que no, que no es el momento, "cállate y escucha" "cállate, cállate".
Y huye y besa y folla, mátate y revive al quinto día, y no pares, no ahora, sigue, y llora, canta y ríe; vuela, pero no demasiado alto; grita, pero sin ganas; piensa y no vivas que te ahogas en tu propia charca; y llora, canta y ríe, pero sin hacer ruido, y cállate y escucha, cállate, cállate.
Si consigues callar esta nube negra te dedico cada segundo de mi vida, que aún no llueve suficiente sobre este corazón mojado y quedan aún miedos por mirar de frente, y callar, y callar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario